REFLEXIONES SOBRE EL ACTO DE PINTAR

Finalmente entiendo la pintura como un largo diálogo entre ideas y materiales. Ideas, imágenes mentales que para materializarse exigen decisiones. ¿madera?, ¿tela?, ¿papel?…Y ante cada decisión tomada la imagen mental cambia, se adapta, se reconstruye. Debe cambiar, si queremos que el proceso continúe. Un proceso que propone operaciones: cortar, salpicar, cubrir, descubrir, raspar, pegar… Operaciones que incluyen necesariamente al azar, ese sacerdote que, desde el surrealismo, oficia la invocación de lo oculto, de lo subyacente.

Me siento como un traductor entre dos interlocutores. Traduzco un rojo mental a un rojo material, tratando de no traicionar su luminosidad. Un cartón corrugado a un plano de textura, tratando de no traicionar su carga sensorial. Pero la traición siempre existe. El rojo ahora es otro, por lo tanto el verde que estaba a su lado debe cambiarse. La textura del cartón es en la realidad más fuerte que su imagen mental, es necesario entonces un amarillo que chorree sobre ella…

Así, a través de una continua retroalimentación, la construcción avanza. Ese es el otro punto: se trata de una construcción. Cuadro, instalación, objeto o lo que sea, lo voy construyendo (¿se va construyendo?) con materiales simples y pintura, con operaciones que tienen algo de ritual y algo de juego. Operaciones que a veces ocultan, a veces descubren, con resultados que pueden ser ambiguos, que quedan allí para que alguien les adjudique significado.

 Rosario, setiembre de 1997.

Pintura técnica mixta

AL ACECHO
Acrílico y collage sobre conglomerado de madera
1,00 m x 1, 00 m – 2001